Somos lo que nos ha pasado,
combinado con nuestro temperamento. Esto condiciona
la imagen que tenemos de nosotros mismos, las convicciones de cómo somos
y como interpretamos lo que nos pasa. Si a medida que hemos ido creciendo nadie
de nuestro alrededor ha reconocido lo que hemos ido sintiendo, quedan dentro
nuestro diversas convicciones, la más potente de las cuales es la convicción
de que somos defectuosos.
Estas convicciones acostumbran
a quedar inconscientes y hacen que nos sintamos mal sin saber porqué y
que vayamos repitiendo patrones de relación con los demás y con
nosotros mismos que cierran el círculo vicioso de la infelicidad. Cuando
podemos identificar cuáles
son estas convicciones, estos sentimientos inconscientes, tenemos en nuestras
manos las herramientas para solucionar lo que nos pasa. Pero este trabajo no
lo podemos hacer sin ayuda profesional.
El tratamiento consiste
en conocer estos aspectos para irlos cambiando progresivamente.
Conocer el origen de nuestra infelicidad, y qué hacemos
nosotros sin darnos cuenta para que así sea,
nos permite poderlo cambiar. Cuando se llega
a este punto el sentimiento de liberación
es muy grande, como volver a nacer. Se siente
que lo que nos pasa en la vida está más
en nuestras manos, y que podemos influir más
de lo que habíamos creído. Se adquieren
instrumentos para ir afrontando las nuevas situaciones
angustiantes que periódicamente la vida
nos va planteando.
Decidirse a iniciar un tratamiento
de este tipo no es fácil, pero el esfuerzo
queda recompensado. En el espacio terapéutico
se encuentra un lugar donde la persona puede ir expresando lo que siente tal
como lo siente, sin ser juzgado, sino acompañado.
La técnica utilizada
fue iniciada por Freud a finales del siglo XIX, y ha ido evolucionando hasta
nuestros días, gracias
a las aportaciones de Klein, Winnicot, Balint, Kohut, Stolorow, entre otros.
Las modalidades terapéuticas se aplican en función de las necesidades
de cada paciente.
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